Garganta del Guardiamar

Después de días y semanas de inhabitual lluvia por estos lares, la mañana del sábado se levantó radiante, como teníamos encargada los borgoñones sevillanos. Así que nos calzamos nuestras botas, nos calamos las boinas, alzamos nuestras banderas y unos 25 de nosotros nos echamos al monte.

 

Llegamos al punto de inicio a las afueras de El Garrobo y dispusimos el orden de marcha. Al poco de iniciar, al que cerraba el grupo haciendo de escoba se le acerca el alcalde de la localidad, que amablemente le advierte de que hay una zona que por las últimas lluvias está muy mal por el barro. Contábamos con ello por conocer la zona. Así que llegados al punto la cabeza pide que el grupo espere para buscar la mejor opción… mientras los más pequeños ya han buscado el paso por su cuenta no dejando ni un zapato seco.

 

Seguimos camino y atravesamos una zona con varias cuestas. Después de mucho subir, desde lo alto contemplamos el valle que forma el Guadiamar y ante nosotros una muy pronunciada bajada que de momento nuestras piernas agradecen pero que a la vuelta resultará la parte más dura del recorrido.

 

A media bajada dan las doce y hacemos una momentánea parada para el rezo del Reina del Cielo. Pocos minutos después llegamos a la orilla y nos tomamos un pequeño respiro, que los más pequeños aprovechan para quitar el barro de sus botas… metiéndose en el río hasta las rodillas.

 

Giramos hacia el sur dejando el río a nuestra derecha y lo acompañamos durante unos kilómetros, disfrutando del paisaje y teniendo que vadear alguna escorrentía que sigue trayendo la mucha agua caída en los últimos días.

 

Llegamos por fin a la zona de la Garganta, teniendo que buscar el paso más seguro para los niños por las piedras que la forman, hasta llegar al mismo borde de la cascada. Allí dedicamos unos minutos a contemplar la fuerza del agua cayendo y a evitar que alguno se asomara más de lo debido.

 

Volvemos sobre nuestros pasos algo más de un kilómetro hasta una playa de arena donde descansaremos, comeremos y pasaremos un rato de convivencia disfrutando de la naturaleza. Los más pequeños saltaron y chapotearon en el río disfrutando de lo lindo no dejando ni una prenda seca ni limpia. Las manchas se quitarán pero la experiencia les durará mucho más.

 

Con las pilas cargadas emprendimos camino de vuelta que nos volvió a llevar por zonas de barro y charcas donde los pequeños disfrutaron buscando renacuajos como último capítulo de una jornada de convivencia y de disfrute de la naturaleza en la que conocimos un precioso paraje de nuestros montes.