Jornadas de Primavera

En el ajetreo cotidiano en el que constantemente nos vemos envueltos (o por lo menos el autor que os habla se halla envuelto), resulta muy gratificante la experiencia vivida en un simple fin de semana. Porque como al fin y al cabo hay vida después de mañana, estas jornadas sirven como respiro para tomar perspectiva del frenesí matutino. Nos recuerda que el verano se acerca y que hay un campamento que organizar.

 

Nada hay como la ilusión de los niños y aunque los monitores ya no lo somos, ciertamente emociona comenzar a planear el campamento. Es sobre todo prepararse uno mismo para confrontar esta forma de vivir las vacaciones que hemos elegido. Se impartieron charlas sobre temas como la pedagogía, la previsión, la oratoria, nuestros orígenes o la preparación de simples juegos que en el fondo ocultaban otros temas como la paciencia, la actitud, el liderazgo o la fe. Todo ello se ve envuelto en ese sano clima que también se respira en cierto lugar de Gredos en la época de agosto. En el aquella casa (añado que el emplazamiento fue inmejorable) se rezó y también se oyeron risas. Pruebas de que Cruz de Borgoña está donde estamos nosotros.

 

 

Más que una preparación es el inicio de la misma. En lo formal se aprende a ser monitor quince días, en el fondo recuerdas esos valores que muchas veces quedan escondidos entre nuestras tareas de cada jornada. Todo lo recibido en ese brevísimo fin de semana es la semilla que ha de crecer y dar fruto, no solo en nuestra labor en Cruz de Borgoña, sino en nuestro devenir diario.