Visita cultural y familiar al Monasterio de San Isidoro de Sevilla

Unos minutos antes de las 11 nos reunimos un puñado de familias borgoñonas en las puertas del Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce (Sevilla). Durante aproximadamente una hora visitamos este monumento, edificado en el año 1301 por D. Alonso Pérez de Guzmán, conocido como Guzmán el Bueno, y confiado a la orden del Císter, convirtiéndose en el monasterio cisterciense más meridional de toda la Cristiandad.

 

Con el paso de los años el monasterio pasó a los Jerónimos, produciéndose un cierto contraste entre la sobriedad de la edificación cisterciense y el cubrimiento de la misma por frescos, pinturas e imágenes realmente impresionantes.

 

Resalta el retablo principal de la iglesia original (a cuyo costado tiene adosada otra, ligeramente más baja, mandada construir por el hijo de Guzmán el Bueno) obra de Martínez Montañés (siglo XVI) y que es una de las mayores joyas del barroco sevillano.

 

Paseamos por la parte visitable, disfrutando de todo el conjunto y teniendo que atar un poco más corto a los más pequeños que en alguna ocasión corrían y alborotaban más de lo debido.

 

De allí marchamos a las ruinas de Itálica, también en Santiponce, en donde nuestra margarita Ángela se encargó de guiarnos por los restos de la bimilenaria ciudad romana que alumbró a dos emperadores: Trajano, considerado entonces como el más grande y del que este 2017 se cumplieron 1.900 años de su muerte, y su sucesor Adriano. Los restos nos recordaron la huella romana en esta tierra y Ángela nos dio algunas indicaciones sobre la estructura de la urbe romana, de sus edificaciones y de sus usos.

 

 

Paseamos también por el anfiteatro mandado levantar por Adriano, donde nuestra guía nos contó algunas cosas sobre los juegos romanos, terminando la jornada con un agradable picnic compartido por las familias asistentes. Nos despedimos, finalmente, con muchas ganas de la próxima actividad. ¡Grande Cruz de Borgoña!